Dama (2)Foto tomada de la cuenta de Twitter de Emisoras Unidas (con adaptación).

Martes 19 de marzo de 2013. No es un martes ni un 19 de marzo común aunque lo pareciera. Son las siete horas y el sol que se difumina entre la bruma propia de la época ya calienta fuerte.

Estoy once pisos sobre el suelo. Los amplios vidrios que hacen de pared del edificio me permiten tener una vista de una parte de la ciudad. Tengo en frente de mí los dos edificios: uno que recuerda al martillo de juez y el otro más cuadrado que es una metáfora de una mesa.

Son la sede de la Corte Suprema de Justicia y la torre de tribunales que comparten espacio en el Centro Cívico con los edificios del Ministerio de Finanzas, desde donde veo a través del cristal cada día la rutina del corazón de la capital guatemalteca.

Atrás, se impone la sede del Banco de Guatemala, justo a la par de la Municipalidad de Guatemala, y ya menos notables el edificio del Instituto Guatemalteco de Turismo, entre otros escasos dos o tres edificios más de considerable altura que sirven de contraste de las enanas casas del Centro Histórico de Guatemala.

Como fondo alcanzo a divisar la parte más prolífera de edificios que intentan seguirle el camino a los rascacielos, que van de la llamada Zona Viva y aledaños, solo después de repasar con la mirada una extensa parte citadina informe y distintos colores que sugieren a un cuadro abstracto. Detrás de esto, entre la bruma las montañas dibujan contornos de una silueta inerte.

A esta hora, es común oír llegar las patrullas de la Policía Nacional Civil una tras otra con las sirenas abiertas custodiando los camiones del Sistema Penitenciario que traen en montones a reos para las audiencias. Las mañanas con cargadas de bocinazos, pitazos de más de dos elementos de la Policía Municipal de Tránsito y más de uno que otro insulto de automovilistas que ven interrumpida su prisa con el congestionamiento.

La ciudad vive en su rutina. La Séptima Avenida cobra vida. Cual serpiente de algún cuento mágico-religioso se desplazan los automóviles uno tras otro encabezados por uno o dos gusanos verdes del Transmetro. Es la rutina y monotonía de siempre. Cada quien viendo como sale de ese río metales rugiendo para llegar a su destino. Más de uno se atraviesa de un carril a otro intentando ganar unos metros, logrando muchas veces lo contrario.

Pero hoy hay muchos más pitazos, más bocinazos y más sirenas chillando. Una fila de camionetas agrícolas y picops de doble tracción con vidrios polarizados han formado otra fila paralela sobre la bifurcación que lleva a tomar la Novena Avenida, pero que en lugar de enfilar hacia el centro de la Ciudad doblan a la derecha buscando entrar en el sótano de la Torre de Tribunales.

En la cima del edificio martillo veo a agentes observando con binoculares a los alrededores. No es común. Presencia policial frente a la Corte Suprema de Justicia.

Muchos transeúntes observan curiosos sin detener la marcha. A un costado de la sede de la Corte Suprema de Justicia dos móviles de transmisión de noticieros televisivos se instalan. En la Plaza de los Derechos Humanos, en la parte frontal de la Corte un grupo de activistas se aglomera. En una manta color lila alcanzo a leer “Sí hubo genocidio”, dice algo más abajo que no logro leer. Otra manta más grande tiene letras rojas que no alcanzo a leer.

La brisa de la fuente del monumento “Manos de la Paz”, que el sempiterno el alcalde capitalino Álvaro Arzú mandó a construir para conmemorar (se) el décimo aniversario de la firma del Acuerdo de Paz Firme y Duradera en 1996, de la que fue signatario, refresca a los presentes en la plaza frontal de la Corte.

El sótano de la Torre de Tribunales se ha tragado la fila de vehículos, y la puerta peatonal ubicada a la par de la plaza trasera de la Corte hace lo mismo con una fila de personas que se ha formado en línea recta.

Varios elementos del Ejército corren de un lado para otro. Un camión lleno de presos acaba de llegar, pero no son el foco de atención. Veo mayor presencia policial que otros días.

Un grupo de camaradas periodistas ingresa en fila por una pequeña puerta a un costado de la Corte, justo en la parte baja frente de donde me ubico. La nostalgia me invade por un momento. Hace poco más de un mes suspendí mi actividad periodística como reportero. Siempre estoy en el tema de comunicación pero ya no directamente en la calle.

Pienso que son dichosos. Dichosos porque hoy no es un martes ni un 19 de marzo común. Nunca, excepto una que otra vez que llegué por alguna información, cubrí la Torre de Tribunales o lo que en nuestro caló llamamos la fuente de tribunales. Lo mío siempre fue el periodismo económico. Pero sé que es la misma adrenalina que domina la voluntad cuando hay eventos pocos comunes.

No es para menos. Hoy martes 19 de marzo de 2013, por primera vez en la historia de Guatemala se abre juicio por genocidio contra el ex presidente golpista Efraín Ríos Montt y su jefe de de inteligencia, José Mauricio Rodríguez Sánchez, una hecho inédito no solo en el país sino en el mundo, pues hasta ahora, ningún ex jefe de Estado ha sido juzgado por ese cargo en su propio país, de los pocos casos registrados.

El juicio por genocidio y deberes contra la humanidad supuestamente cometidos contra población del Pueblo Maya-Ixil entre 1982 y 1983 bajo las órdenes de ambos. La Fiscalía los acusa de ser responsables del asesinato de 1 mil 771 indígenas ixiles, a manos de los soldados que Ríos Montt dirigía como comandante general de las Fuerzas Armadas.

Cabe recordar que Ríos Montt llegó al poder el 23 de marzo de 1982 a través de un golpe de Estado contra el también general Romeo Lucas García. Un Estatuto Fundamental de Gobierno fechado el 25 de marzo de ese año y firmado por Ríos Montt como presidente de la junta militar, legitimó su gobierno, que funcionó hasta el 8 de agosto de 1983, cuando fue derrocado por otro militar.

Junto a Ríos Montt también es procesado José Rodríguez Sánchez, quien fuera jefe de la Segunda Sección del Estado Mayor General del Ejército y jefe de la Segunda Sección del Estado Mayor de la Defensa Nacional.

La evidencia más importante dentro del caso son tres planes militares contrainsurgentes, conocidos como Victoria 82, Firmeza 83 y Operación Sofía, un reporte que explica las acciones realizadas en dicha operación y que liga al ejército con las masacres.

El Plan de Campaña Victoria 82, que creó la Fuerza de Tarea Gumarcaj integrada por fusileros, paracaidistas, ingenieros de combate y de construcción, iba dirigida a operar en el Triángulo Ixil, nombre militar dado a la región Ixil conformada por las comunidades de San Juan Cotzal, San Gaspar Chajul y Santa María Nebaj, en Quiché.

Según el plan, todas las fuerzas de tareas debían reportar a través del Centro de Operaciones las acciones y resultados al jefe del Estado Mayor General del Ejército, parte de la cúpula militar junto a Ríos Montt, así como lo muestra el documento Operación Sofía.

Peritos militares que testificarán a favor de las víctimas, describirán la cadena de mando con la meta de aclarar la responsabilidad del jefe del Estado Mayor General del Ejército, Ríos Montt.

El plan de campaña Firmeza 83 describe el adoctrinamiento a las de las Patrullas de Autodefensa Civil, integrado por civiles armados por militares que fueron acusados de participar en cientos de asesinatos junto al ejército. La misión de estas patrullas la describió así el Plan Victoria 82: “aniquilar, capturar y hostigar al enemigo”.

Me regocijo en mis adentros. Por fin, después de una larga espera la dama de los ojos vendados que alza con uno de sus brazos una balanza, parece ganarse su lugar.

En una carrera voy al baño. Entre. Un tipo con cuerpo de Popeye le dice a otro más menudo: “Esas son puras babosadas. Lo que pasó en Guatemala fue que otros países que se estaban peleando y pero por no hacer guerra en su territorio fueron a otros países y les lavaron el cerebro a esta gente ignorante sobre el comunismo y tantas cosas, y al final aquí se terminaron matándose entre los mismos… ahora dicen que no hubo guerra y que la guerrilla son una santa paloma”.

Hago lo que debo hacer. Mientras me lavo las manos antes de salir del lugar, veo por el espejo al tipo corpulento que sigue hablando incoherencia y se le desborda su aire de militar, como muchos con los que comparto el oxígeno de estos pasillos por aquí.

No es ni será fácil. El proceso que hoy se abre solo es un pequeño lapso de los 36 años que duró la guerra interna, cuyos resabios siguen latentes en la sociedad.

Leo un tuit que dice “Ríos Montt llega en un carro agrícola a la Torre de Tribunales”. Otro: “Ríos Montt llega acompañado de su hija, la ex diputada Zury Ríos”. Luego otro: “José Rodríguez Sánchez llega en ambulancia”.
Hacia las 8:30 según reviso en las redes sociales, Ríos Montt y compañía ingres a la Sala de Vistas de la Corte Suprema de Justicia. A esa hora estaban convocadas las partes.

Todos los ojos están puestos sobre Guatemala. Una vez más, el país es el centro de la mirada internacional. Miles dirán que no hubo genocidio y se jactarán de que este juicio es venganza y berrinche de gente que se victimiza. Miles más estamos en espera de que por fin se marque un precedente en la historia judicial del país.

Cuando Ríos Montt llegó al poder y desarrolló los planes contrainsurgentes del Estado, con mi familia sobrevivíamos del hambre y de la desnutrición en tierras mexicanas donde no hacía mucho que llegamos tras huir de nuestra tierra con la llegada del Ejército y su plan de exterminio. Cierto no era Ríos Montt, pero es el mismo sistema del que él fue eslabón.

De nuevo hago tiempo para ver las redes sociales y encuentro que Ríos Montt intenta detener en el último momento el inicio a juicio, al despedir a sus abogados y contratar a otro llamado Francisco García Gudiel. Este presentó seis recursos de de reposición alegando que es nuevo como defensor por lo que pedía retrasar cinco días el inicio del juicio, pero la jueza Jazmín Barrios, presidenta del Tribunal Primero A de Mayor Riesgo, resolvió que no procede ya que al aceptar la diligencia sabía a lo que se comprometía.

Más tarde arguelle enemistad con la jueza presidenta y por lo mismo le pide excusarse del proceso. Patadas de ahogado como decimos comúnmente.
Oficialmente, el juicio contra Ríos Montt y José Rodríguez Sánchez comenzó a las 10 horas.

Por el radio de mi teléfono oigo lo que transmite una emisora, de vez en cuando hecho un vistazo a las redes sin descuidar mis tareas. La señal de internet no es buena para ver ninguna de las transmisiones en línea.

Veo por el vidrio. El sol ha trepado casi hasta el centro del cielo; un ventilador apacigua el calor; la bruma cubre la ciudad que parece dormir un sueño rutinario que es interrumpido solo con el reverbero de las láminas de zinc en la lejanía.

Afuera. Abajo, los autos serpentean sobre la Séptima Avenida y las avenidas y calles aledañas. Transeúntes marchan en monotonía, tramitadores que ofrecen a gritos y ruegos sus servicios no siempre con rectitud.

Adentro, las argucias de los defensores de los militares se extienden disfrazados de argumentos cual letanía de adoración a Satanás. Pero en mis adentros y en el adentro de muchos camaradas sentados adentro, en la Sala de Vistas de la Corte Suprema de Justicia, hay regocijo porque hay esperanzas de que la dama con los ojos vendados finalmente pueda llamarse dignamente Justicia.

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